Donald Trump y el problema de no tener una estrategia de campaña

A poco más de 100 días de las elecciones presidenciales de noviembre en las que Donald Trump se juega su futuro político, su campaña para la reelección parece estar en un punto muerto.

El con total seguridad candidato demócrata, Joe Biden, mantiene una ventaja en las encuestas que podría ser de hasta 10 puntos porcentuales. En las encuestas estatales, Biden lidera en casi todos los estados clave. También está por delante en estados sólidamente republicanos como Texas o Georgia. Y todas estas cifras se conocieron antes de los fiascos de las últimas semanas, como el de Tulsa, donde Trump, después de predecir una audiencia multitudinaria en un estado en el que ganó con más del 65 por ciento del voto hace cuatro años, pronunció un discurso incoherente y desarticulado ante un estadio prácticamente vacío.

Durante aproximadamente dos horas, Donald Trump montó un espectáculo que le proporcionó los típicos aplausos por todos los “hits” habituales entre sus fans –ataques a Hillary Clinton, a Barack Obama y a las «fake news», además de consignas en contra de los inmigrantes y a favor del muro con México–, pero sus intentos de introducir nuevo material en el acto simplemente fracasaron. En lugar de defender su reelección y de oponerse a Biden, Trump pasó la mayor parte del tiempo atacando a viejos enemigos y quejándose.

Parece que Trump no ha aprendido nada de su campaña de 2016; entonces, Trump ganó porque Hillary Clinton era terriblemente impopular y porque se presentó en un año en el que un republicano podía ganar gracias a que los votos de los terceros partidos aumentaron y el voto de las llamadas “minorías raciales” disminuyó por primera vez en años. Trump siempre ha tenido un margen muy pequeño y nunca ha intentado ampliar su electorado; además, las protestas del movimiento Black Lives Matter que se han extendido por todo el país también podrían considerarse como manifestaciones a favor de Biden, sobre todo porque Trump traslada la óptica de que se presenta como un candidato profundamente “problancos”.

La debacle de Trump muestra el sinsentido de llevar a cabo una campaña basada casi únicamente en grandes mítines y el uso del “Big Data” más que en el mensaje en sí. No es que esos factores no importen, pero son mucho menos importantes que los mensajes; la reciente adopción por parte de Trump como respuesta a las protestas de un mensaje de defensa cerrada de «la ley y el orden» a la imagen de los años 60 y 70 de la América del Vietnam está condenada al fracaso porque la demografía de 2020 no se acerca a la de las décadas anteriores; el país es diferente, y parece incapaz de abrazar esa realidad.

Sin embargo, en las últimas semanas, la campaña de Trump parece estar apostándolo todo a un mensaje que activa al más fervoroso de sus simpatizantes arguyendo que elegir a Biden sería peor que cualquier cosa que pudiera suceder durante un segundo mandato de Trump. Trump ha estado tratando de encender esa llama anti-demócrata de nuevo, pero la narrativa que Trump está tratando de impulsar se enfrenta a una realidad muy dura: la covid-19, una economía estancada, un desempleo por las nubes y las tensiones raciales más altas en años.

Trump no es capaz de reconocer la fuente de su victoria en 2016, y no aprecia plenamente que esa elección fue menos sobre él y más sobre Hillary Clinton; y ahora, cuando se le da la oportunidad de contrastar su liderazgo y sus políticas contra Joe Biden, no se da cuenta de un simple hecho fundamental: que a los estadounidenses no les cae tan mal Biden como lo hacía Hillary Clinton.

En los últimos días, Trump también se ha ceñido en gran medida a las ya conocidas afirmaciones de que el exvicepresidente es demasiado débil o viejo para dirigir el país, una afirmación que, a juzgar por las encuestas, parece no tener sustento entre los ciudadanos. El personal de la campaña de Trump está redoblando el mensaje de que «Biden está senil», intentando ahora también convencer a Biden para que acepte un cuarto debate aparte de los tres ya organizados. Pero es difícil imaginar que haya algo que la campaña de Trump pueda hacer que marque la diferencia a estas alturas del partido.

Los intentos de la campaña de Trump por definir a Biden como senil y no apto no se acercan en absoluto a la realidad y muchos votantes que vean a Biden y a Trump uno al lado del otro en un debate se llevarán a casa casi con total seguridad una impresión favorable (o al menos aceptable) de Biden y más preguntas que respuestas sobre Trump. Es extraño que la campaña de Trump piense que ponerlos uno al lado del otro de alguna manera beneficia a Trump. En todo caso, refuerza los atributos y el comportamiento que han creado el problema en el que se encuentra, nada más. La razón por la que la ventaja de Biden ha sido tan consistente a pesar de sus errores pasados (y presentes) en bien sencilla: porque comparado con Donald Trump, es el mal menor, y la gente está dispuesta a votarle.

100 días, 100 días para que los estadounidenses voten y emitan su veredicto sobre los 4 años de Trump en la Casa Blanca. ¿Volverá a haber sorpresa esta vez, o la falta de una estrategia clara y realista le costará a Trump su reelección? Noviembre nos lo dirá.


Imagen de cabecera | Wikimedia Commons – Gage Skidmore / CC BY-SA

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